La soledad del recién llegado
Cuando llegué a España hace tres años, pensaba que hacer amigos sería pan comido (very easy). Hablaba el idioma, conocía la cultura y tenía muchas ganas de conocer gente nueva. Pero la realidad fue muy diferente. Los primeros meses fueron más difíciles de lo que esperaba, y hubo noches en las que me sentí completamente solo en mi pequeño apartamento de Madrid.
Si tú también has pasado por esta experiencia o estás a punto de mudarte a un país nuevo, este artículo es para ti. Vamos a explorar juntos algunas estrategias que funcionan de verdad para construir amistades genuinas cuando eres expatriado.
Sal de tu zona de confort (pero poco a poco)
El primer consejo parece obvio, pero es fundamental: tienes que salir de casa. Sé que suena simple, pero cuando estás en un lugar desconocido, la tentación de quedarte en tu apartamento viendo series es enorme. El problema es que los amigos no van a llamar a tu puerta por arte de magia.
Cuando me mudé, me obligué a hacer al menos una actividad social por semana. Al principio fue incómodo, lo reconozco. Iba a eventos de intercambio de idiomas donde no conocía a nadie y me quedaba pegado a la pared como un cartel. Pero con el tiempo, todo fue mejorando.
Algunas ideas para empezar:
- Únete a clases de algo que te guste: cocina, baile, fotografía, yoga
- Busca grupos de expatriados en aplicaciones como Meetup o Facebook
- Apúntate a un equipo deportivo amateur
- Participa en voluntariados locales
La importancia de ser el que da el primer paso
Una cosa que aprendí rápidamente es que, como extranjero, muchas veces tendrás que ser tú quien tome la iniciativa. Los locales ya tienen sus grupos de amigos establecidos desde hace años. No es que no quieran conocerte, simplemente no lo necesitan tanto como tú.
Entonces, ¿qué puedes hacer? Cuando conozcas a alguien que te caiga bien (someone you like), no esperes a que esa persona te invite a tomar un café. Sé tú quien proponga el plan. “¿Te apetece que quedemos el sábado para dar una vuelta?” Esta simple frase me abrió muchas puertas.
Aprende a aceptar el rechazo
No todas las personas con las que intentes conectar se convertirán en tus amigos, y eso está perfectamente bien. Habrá gente que no responda a tus mensajes, personas que cancelen planes en el último momento, y otras con las que simplemente no tendrás química.
Recuerdo que una vez invité a un compañero de trabajo a cenar y él aceptó entusiasmado. Luego, me dejó plantado (stood me up) sin ninguna explicación. Me sentí fatal, pero aprendí que esto forma parte del proceso. No te lo tomes a pecho y sigue adelante.
Construye amistades con otros expatriados… pero no solo con ellos
Es natural que gravites hacia otros extranjeros porque comparten experiencias similares. Cuando conocí a mi amigo Thomas, un alemán que también acababa de llegar a Madrid, sentí un alivio enorme. Por fin alguien que entendía lo que era perderse en el metro o no entender las bromas de la oficina.
Sin embargo, si solo te relacionas con expatriados, perderás la oportunidad de integrarte realmente en tu nuevo país. Mi recomendación es que busques un equilibrio. Los amigos expatriados serán tu red de apoyo, pero los amigos locales te ayudarán a echar raíces (put down roots) y entender la cultura desde dentro.
Ten paciencia: la amistad lleva tiempo
Quizás el consejo más importante es este: no tengas prisa. Las amistades verdaderas no se construyen en una semana ni en un mes. Según algunos estudios, hacen falta aproximadamente 200 horas de convivencia para que alguien pase de conocido a amigo cercano.
Cuando miro hacia atrás, veo que mis mejores amigos en España son personas que conocí durante mi primer año, pero con las que no me hice realmente cercano hasta el segundo o tercer año. Fueron cafés, cenas, conversaciones largas y momentos compartidos los que solidificaron esas relaciones.
Conclusión: el esfuerzo vale la pena
Hacer amigos en un país nuevo requiere esfuerzo, valentía y mucha paciencia. Habrá momentos en los que querrás tirar la toalla (give up) y volver a casa, donde tienes a tus amigos de toda la vida. Pero si persistes, descubrirás que las amistades que formas en el extranjero suelen ser increíblemente profundas.
Después de todo, estas personas te conocieron cuando eras vulnerable, cuando luchabas por adaptarte, cuando eras la versión más auténtica de ti mismo. Y eso crea lazos que perduran para siempre.
¿Estás pasando por esta experiencia ahora mismo? Cuéntame en los comentarios cómo te está yendo. ¡Ánimo, que lo vas a conseguir!